22.000 Machetazos (crónica)

12/03/10

Son las seis de la mañana. Amanece en Palmira, Valle del Cauca. Nos acicalamos para iniciar la jornada. Los más de dos mil quinientos kilometros recorridos en seis días dejan ver el cansancio entre los integrantes del equipo de filmación. Partimos hacia el municipio de Florida, a 25 minutos de Palmira. Nos encontramos con Gloria Inés, esposa de un cortero de caña. Ella representa a miles de mujeres que en el paro de 2008, vieron la necesidad de acompañar a once de los trece mil corteros de caña en una justa lucha, que también es de ellas. “Ahora los ingenios ya nos paran bolas”, dice Gloria. “Nos falta todavia…hay que seguirle dando”, agrega. Nos cuenta que el salario que le pagan a los corteros los ingenios azucareros del valle geográfico del río Cauca es muy bajito para lo que ellos trabajan y necesitan.

En jornadas que inician a las cuatro de la mañana y que se pueden extender hasta más allá de las siete de la noche, un cortero a diario debe dar en promedio 22 mil machetazos. De allí obtienen las 5,5 toneladas que el ingenio necesita y que ellos deben proveer para sacarse al mes un salario de entre 600 o 700 mil pesos. En los cañaduzales la temperatura, si se suma el calor del trabajo, el de la vestimenta y el que deja la quema que precede al corte, puede llegar a más de 40 grados. Además de las enfermedades laborales que produce el trabajo, están las serpientes que en ocasiones atacan. Algunos corteros han muerto calcinados por quedar atrapados entre el fuego que debe prendersele al cañaveral antes de iniciar los machetazos. Una situación que contrasta con los más de 1.300 millones de dólares que los trece ingenios reciben al año del negocio. Dineros en parte impulsados por los subsidios que el gobierno da a las empresas por exenciones impositivas, que en el caso del etanol valen 120 millones de dólares anuales, y por los regalos de Agro Ingreso Seguro.

Después de dar muchas vueltas, por fin pudimos meternos a un cañaduzal y conocer de cerca el trabajo de los corpulentos obreros del corte de caña. Jhonson Torres, dirigente de Sinalcorteros, dispara todo tipo de argumentos que explican con gran sencillez su situación y la de sus compañeros. Este joven de 26 años habla con propiedad de la industria azucarera. Explica porqué los cultivos de Colombia son de los más modernos del mundo y cuáles son la diferencias con la producción brasilera. Cita números, estudios y análisis propios y académicos sobre la industria. Un simple vistazo al cañaveral le permite identificar qué variedad de caña es la que está sembrada. Antes de la entrevista se acerca a quienes están en las faenas y aprovecha el tiempo para hacer política. “Eso de pelear con el señor Ardila Lulle es bien duro”, dice. Nos cuenta que por ser activista sindical además de perseguirlo constanteme, lo han despedido en dos ocasiones. Pero la lucha ha obligado a los ingenios a reengancharlo.

Mientras otro cortero pasa tarareando: “se va a casar la vecina…con un tipo que conozco yo”, Jhonson nos cuenta que desde el colegio leía filosofía. Aristóteles y Socrátes eran sus preferidos. Después de prestar servicio militar, teminó en esta dura labor. “Con el tiempo uno va cogiendo conciencia de los abusos que cometen contra nosotros, entonces ve la necesidad de meterse a organizar a los compañeros”, dice con orgullo. En un par de ocasiones ha pensado abandonar el corte, pero la realidad y el ver una tarea inclusa, le dicen que no lo haga. “Soy técnico en administración de empresas”, dicen sus labios. La mirada que lanza a los otros corteros nos dice que él es un técnico que con orgullo se dedica al corte de caña y a empujar a sus compañeros para que reclamen el democrático derecho a la organización.

Hace unos días la Superintendencia de Industria y Comercio impuso una sanción de 5,2 millones de dólares a los ingenios por formar un cartel de precios en contra de los cultivadores de caña. En varias ocasiones Jorge Enrique Robledo le ha exigido al gobierno que explique porqué en el agro hay unos pocos escogidos que se eximen del desastre del sector. A los ingenios les dan todas las gabelas posibles y a los trabajadores y a los cultivadores de caña, unas boronas. “Nos han quitado las garantías. Este empleo ya no es empleo, es esclavitud”, sentencia Jhonson. Su lucha es la todos aquellos que creen que es posible que las cosas cambien. Antes de despedirnos pronuncia con cierto aire de solmenidad: “Queremos seguir acompañando a Robledo en la construcción de ese nuevo país que debemos y es posible construir.”


Entradas relacionadas

22.000 Machetazos

A Curar la Salud (crónica)

El 23 de diciembre de 2009, el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, valiéndose de las distracciones propias de la época decembrina aprovechó para decretar el Estado de Emergencia Social. Según el gobierno quien tiene la culpa de la crisis del…

Represando al Campo (crónica)

Son las dos y treinta de la tarde. El sol arrecia. Los cuarenta grados de temperatura contrastan con la frescura de las aguas del río Sinú. Un transeúnte las disfruta mientras limpia su bicicleta. Nos mira extrañado, pero nos ignora…

Una Cruda Realidad (Crónica)

Chiquinquirá, Boyacá. En la plaza central nos esperaba Miguel, un dirigente de lecheros y jarreaderos de la zona. Brevemente comentamos los impactos de los decretos emitidos por el gobierno, con los cuales se busca prohibir el comercio de leche cruda…

Nuestra Panela (Crónica)

Nuestra jornada, al igual que en todos los rincones agrarios de Colombia, empezó antes de salir el sol. De Barbosa, pueblo donde abundan en el paisaje los verdes tenues de la caña, nos dirigimos a Güepsa. En la plaza…