En el senado

Robledo Somos Todos

El costo de los servicios bancarios, el ahorro y los sueños de un niño

Por: Carlos Tobar

Hace ya unos años siendo mi hijo un niño que se abría a la adolescencia con todas las inquietudes que nacen en esta bella época de la vida, empezó con los ahorros de la mesada diaria del colegio a llenar una alcancía de esas de barro con la figura de un marranito que elaboran los artesanos de nuestra tierra. Día a día, semana tras semana aguantando las ganas de comerse una empanada, o un paquete de papas o una gaseosa, echaba religiosamente monedas en su alcancía que para él pasó a ser uno de sus más preciados tesoros. Con el paso de los meses mantuvo su deseo ahorrador, acumulando una “pequeña fortuna” que cuidaba con gran celo.

Ante esta actitud que nos conmovía a todos y recordando que mi padres siendo niño para inducirme el espíritu de ahorro me abrieron una cuenta de ahorros en el Banco Central Hipotecario, una entidad bancaria estatal de fomento –hoy un recuerdo perdido en la memoria de los más viejos–, decidí proponerle que rompiera su marranito y que yo le completaría para que tuviera 100.000 pesos en una cuenta que le abriría en una entidad bancaria. Así, luego de convencerlo de que su dinero estaría más seguro y que además era posible que obtuviera alguna ganancia adicional por los intereses que le reconocerían, mi hijo procedió no sin algún dolor a romper la alcancía: contó con extremo cuidado luego de armar montoncitos con las monedas de distinta denominación para finalmente obtener la importante cifra de 57.750 pesos.

Cumpliendo la promesa de padre puse la cantidad adicional y me fui con él a una entidad bancaria, de las más importantes del país, donde luego de cumplir con todos los requisitos exigidos logramos abrir su cuenta bancaria. Lo que más le emocionaba era que le habían dado una tarjeta para manejar la cuenta. Se sentía un magnate. Era conmovedor verlo con tal energía y tantos arrestos, pues el estímulo que habíamos despertado en él le inducía a proponerse cosas más grandes. Con el paso de los meses guardaba los ahorros que ahora con más juicio depositaba en la cuenta.

Eran los años de comienzos de siglo, cuando el sector financiero colombiano se había recuperado de la crisis de finales de la década anterior con la ayuda de todos los colombianos usuarios de las cuentas bancarias –el famoso 4 por mil–. Un día cualquiera tras unos dos años largos, mi hijo me dijo que quería retirar sus ahorros porque pensaba montar un pequeño negocio con un compañerito que le proponía iniciar el camino empresarial.

Fuimos al banco y al pedir el saldo de los ahorros para retirarlos la sorpresa fue mayúscula. No solo no había nada sino que tenía una deuda por manejo de la cuenta de 27.000 pesos. ¡Sus ahorros habían desaparecido como por encanto! En un acto de prestidigitación propio del mejor de los magos –o timadores mejor–, el banco había logrado desaparecer el esfuerzo de tres años de un niño entusiasmado por el espíritu ahorrador que él había iniciado y que sus padres le habíamos estimulado.

Hoy cuando vemos que hasta el Ministro de Hacienda protesta por el altísimo y abusivo cobro que por sus “servicios” prestan las entidades bancarias y financieras, hemos recordado con dolor el episodio narrado porque ese debe ser el sentimiento que abruma a todos los usuarios de un sistema monopólico enseñoreado en la prepotencia que da una riqueza ofensiva.

Solo queda preguntarnos ¿si el crédito es una concesión que hace el Estado a unos particulares para que cumplan esa función vital en la sociedad de mercado en la que vivimos, por qué el gobierno que dice representarnos a todos los colombianos no le pone cortapisas a tales abusos?

Diario del Huila, Neiva, enero 18 de 2011

Consejos para antiguos imperios

Por: Francisco Torres

El señor Gordon Brown, ex primer Ministro del Reino Unido, en reciente artículo (1) dedica sus esfuerzos a dar sesudos consejos a los gobiernos de Europa y Estados Unidos ante el desafío que le comportan las naciones emergentes, principalmente las asiáticas –China e India-.

Recoge, Brown, una verdad sin antagonismos: “el ascenso del poder económico asiático” y con él “un problema profundo: el mundo está experimentando una reestructuración del poder económico que es de largo alcance, irreversible y sin precedentes”.

¿Qué debe hacer Occidente? Es decir, los imperialismos que en los últimos ciento y pico de años –como herederos de jure o de facto de los imperios coloniales- han saqueado y saquean los recursos naturales y el trabajo de más de centenar y medio de naciones y miles de millones de seres humanos. Una obviedad: “responder al ascenso del poder económico asiático mediante la renovación del suyo propio”.

Ah, pero el diablo está en los detalles y ellos son, en la receta del ex conductor de la vieja Albión:

1. La reducción del déficit. 2. Cero proteccionismo y, por lo tanto, un nuevo acuerdo de comercio global. 3. Un Plan Marshall moderno liderado por Estados Unidos para reanimar el crédito y dar certidumbre –quiere decir, más garantías- a los bancos 4. Un ambiente de unidad mundial presidido por el G20. Ese plan del más nítido corte neoliberal, que trata de apagar el fuego que quema las entrañas de los imperios con el expediente de arrojarle combustible en abundancia, y que viene aplicándose en la actualidad con todo celo, dista mucho de ser la tabla salvadora en esta peligrosa coyuntura. De todas formas, advierte Mr. Brown, que: “muchas multinacionales coreanas, indias y asiáticas tienen ya una participación extranjera (incluso estadounidense) mayoritaria”. Componente que debe reforzarse por parte de Occidente con el recurso de “alentar a China y Asia a hacer lo que les interesa a ellas y a todo el mundo: reducir la pobreza y ampliar la clase media”.

El quid del asunto es, entonces, apoderarse de las empresas de las naciones emergentes y de sus mercados internos, cosa que ha sido uno de los propósitos del neoliberalismo como bien lo explicó tempranamente Francisco Mosquera. Sin embargo, Brown, no explica cómo se va a alcanzar ese nuevo y último botín.

Razones tiene un estadista de la talla de Gordon Brown, ex conductor de un imperio tan sabido –como lo dirían nuestros campesinos-, para no señalarlo expresamente. Y es que para apoderarse de las empresas y los mercados de esas mega naciones no necesariamente puede ser suficiente razón el poder económico y la habilidad comercial y financiera, sobre todo cuando empieza a serles un poco escaso el músculo económico, que es una de las razones por la que están metidos en este brete.

En esas cavilaciones están muchos, entre ellos la señora Yuriko Koike, ex ministra de Defensa y asesora de Seguridad Nacional del Japón (2), la cual se pregunta si de verdad es inevitable la segunda Guerra Fría en razón al “pavoneo neoimperial” de China. Encuentra la ex ministra que la amenaza China se reduce al terreno económico y político, no obstante lo cual receta un sistema multilateral asiático respaldado por los Estados Unidos para enfrentarla si no se convierte en “una China que participe en el esfuerzo cooperativo para unir a Asia en un sistema basado en normas, similar al que ha sustentado la paz a largo plazo en Europa”. Una Unión al estilo de la Europea en la que Japón, en íntima alianza con Estados Unidos, se reservaría el papel de ordeñar la leche del inmenso mercado interno de países como China.

Como para que no faltaran claridades, Stiglitz (3) manifiesta que “mi mejor apuesta es que estos países –los emergentes- mantendrán un crecimiento rápido en la medida en que viren su crecimiento económico hacia sus mercados internos (…) tanto China como India son dinámicos”. En contraste encuentra en problemas a Europa y los Estados Unidos por su persistencia en la política neoliberal.

El ingrediente secreto en la receta para que “Occidente” pueda engullirse al mundo es el predominio militar que no vacila en ir a la guerra ¿Cuál otro? Y como en los anteriores puntos, ya viene usándose aunque con desigual fortuna: Irak, Afganistán, Pakistán.

Hay que volver a los mapas ¿Dónde están esas naciones donde se libra la guerra con participación de Estados Unidos y la OTAN? ¿Dónde, la valerosa Irán, que aguarda su turno en la lista? ¿Dónde, Corea del Norte, en las mismas circunstancias?

Fácil es la respuesta: entre China, India y Rusia, en la periferia de estos nuevos colosos económicos, cerca a sus suministros y a sus rutas de suministros.

Pide y busca Brown –cosa más fácil de pedir y buscar que de hallar- la unión de Europa y Estados Unidos para alcanzar los paraísos que pronostica: “crecimiento superior al 5% para el 2014 (…) crecimiento de 3 billones de dólares”.

La conquista de los últimos mercados es, pues, uno de los ingredientes que voces aquilatadas dentro de las camarillas reinantes prescriben para paliar la grave crisis de los imperialismos. Tensionan sus fuerzas para alcanzar esa Thule del siglo XXI y con ello siembran vientos. Cosecharán tempestades.

Notas:

(1) Brown Gordon, La reanimación de Occidente, El Tiempo, 26 de diciembre de 2010.

(2) Koike Yuriko, ¿Está en marcha la segunda Guerra Fría?, El Tiempo, 2 de enero de 2011.

(3) Siglitz, Joseph E., ¿Qué nos depara el 2011?, El Tiempo, 2 de enero de 2011.

Arauca, enero 18 de 2011

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