En el senado

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Anglo Gold Ashanti amenaza al Tolima

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 24 de junio de 2011.

Dos multitudinarias movilizaciones se realizaron en contra de las minas de oro a cielo abierto de Medoro Resources en Marmato, Caldas, y de Anglo Gold Ashanti en Cajamarca, Tolima. En el primer caso, pretenden destruir el casco urbano de la población, incluida alcaldía, iglesia, escuelas, hospital y viviendas, causando un pueblicidio y un auténtico desplazamiento. Y en el segundo, dejarían sin agua sufíciente a una amplia región que se surte del río Coello. La codicia de poderosos inversionistas extranjeros y de sus socios nativos, respaldados por el gobierno nacional, versus el patrimonio económico, social y cultural de comunidades asentadas allí desde hace siglos.

La Colosa, en Cajamarca, queda en un área de reserva forestal de alta y muy alta importancia ambiental y en el nacimiento del río Coello, que baña siete municipios del Tolima, entre ellos Espinal, donde le da vida a Usocoello, el distrito de riego agrícola más grande de Colombia. Como estos proyectos mineros son de altísimo consumo de agua, para utilizar inmensas cantidades de cianuro al día, hay una contradicción insalvable con el agua de uso humano y agropecuario, entre otros problemas ambientales.

Si el debate sobre la conveniencia y legalidad de La Colosa se diera sin las presiones que suelen acompañar los grandes proyectos mineros, y más con los altos precio del oro y el muy cuestionado estilo de Anglo Gold Ashanti, este proyecto ya se habría hundido. Pero su trámite empezó mal. Un día, Álvaro Uribe anunció, como un éxito suyo, que esa sería la mina de oro más grande del mundo, afirmación que implicó que su gobierno y el de Santos esgrimirían su poder para imponerla. Sobre la supuesta lotería que se ganaron los tolimenses hay que decir que las regalías para Colombia son de apenas el 3.2 por ciento, y que de eso a ellos, por la reciente reforma, les tocará algo muy cercano al nada por ciento. Luego sus condiciones serán incluso peores que las de otros proyectos mineros, donde las gentes de las regiones no salieron de la pobreza y sí reciben los impactos negativos.

Las inconveniencias e ilegalidades de La Colosa se plantean desde hace años. En 2008, Cortolima, la autoridad ambiental, ordenó suspender la exploración. Y el año siguiente, Diego Alvarado Ortiz, Procurador Agrario y Ambiental del Tolima, le demostró al Minambiente que el proyecto violaba la ley. Pero Anglo Gold Ashanti, con el respaldo del alto gobierno, gasta millones para poner a su favor a la opinión pública. Tan cínica es su actitud, que hace poco le quitó el patrocinio al Festival del Folclor de Ibagué porque en los desfiles participan comparsas estudiantiles que critican a La Colosa.

Las movidas oficiales para imponer los proyectos mineros de las trasnacionales pasan de castaño a oscuro. El 6 de agosto de 2010, el Minambiente les quitó a las CAR el control del agua en la exploración minera, y la reforma de estos entes tiene como primer objetivo arrebatarles su autonomía para volverlas aparatos de bolsillo del Jefe del Estado e instrumentos de la aplanadora minera.

Lo que se mueve en Ibagué debe hacer sonar las alarmas de los demócratas. Carmen Sofía Bonilla, la valerosa directora de Cortolima, apoyada en estudios del Ideam, declaró “agotado el recurso hídrico” en el río Coello, lo que significa que no pueden otorgarse nuevas concesiones de agua –ni a Anglo Gold Ashanti ni a nadie–, porque el caudal que hay apenas si alcanza para los actuales usuarios, cuyo consumo humano y agropecuarios es legalmente prioritario. Y el problema tiende a complicarse porque el Ideam también ha dicho que en el Coello será grave el impacto del calentamiento global. Ante la declaratoria, un alto funcionario de la Gobernación presionó en la junta directiva de Cortolima para que la directora echara atrás la decisión, al tiempo que blandía unos papeles de la Contraloría que no tenían por qué estar en sus manos. El personaje quedó en ridículo y al desnudo cuando se mostró una resolución suya, de cuando él fue director de Cortolima, que declaraba “agotado el recurso hídrico” en el Coello.

Llamo al gobierno nacional a jugar limpio en el Tolima y a los tolimenses a sostener en alto su reconocida dignidad. Y llamo a los organismos de control a no permitir que funcionarios suyos sirvan de martillos contra una funcionaria que cumple con su deber.

Razones de un desacuerdo

Jorge Enrique Robledo, Bogotá, 10 de junio de 2011.

Daniel Samper Pizano fue de los pocos colombianos que me interesé por conocer en persona cuando me eligieron senador. Porque luego de décadas de leerlo, me pareció que valía la pena, en razón de sus convicciones en aspectos cruciales, entre ellos, el valor civil para decir verdades que en Colombia suelen silenciarse, como las prácticas vitandas de Estados Unidos y el neoliberalismo, o su actitud democrática ante los problemas del pueblo y el medio ambiente. Como expresión de unas coincidencias genuinas, él ha anunciado que vota por mí, respaldo que considero muy valioso.

No obstante, este artículo es la réplica a uno suyo en el que criticó mis puntos de vista sobre el gobierno de Juan Manuel Santos, luego de que yo dijera que era difícil encontrar hoy analistas independientes y descalificara de plano el exagerado santismo. Mi crítica a la falta de independencia no se refería a que fueran fletados, aunque también los hay, sino a que tanto gobiernismo los hacía perder objetividad. Explico por qué pienso que Samper se equivoca en su valoración de Santos.

El Polo saludó recurrir a la diplomacia para tratarse con Chávez. Pero eso no niega que Santos se somete a la Casa Blanca con la misma indignidad que Uribe: Consenso de Washington, TLC, respaldo a las invasiones norteamericanas a Afganistán, Irak y Libia y acatamiento a la Casa Blanca sobre el Estado palestino, por ejemplo. Para disipar cualquier confusión, Santos, sumiso, explicó: “Yo soy pro estadounidense” (Semana, Feb.12.11). Frente a la producción, el desempleo y la pobreza, determinantes al calificar a un jefe de Estado, Santos ratificó la concepción plutocrática de la “confianza inversionista”, causa de la desgracia de tantos. Ahí están sus leyes de salud, educación, sostenibilidad fiscal, empleo, etc. Y coincide con Uribe en el propósito de arrodillar a los jueces.

Si la ley de víctimas no fuera tan mediocre y cicatera, aunque tapen sus efluvios quemando incienso, tampoco compensaría la decisión de Santos de continuar con los TLC, privilegiar las “grandes explotaciones agropecuarias” y cambiar la ley para entregarles los baldíos nacionales, millones de hectáreas, no a los campesinos, sino a los monopolistas nacionales y extranjeros. ¡La política de mayor concentración de la tierra de la historia de Colombia! Busca además pasarles las fincas a los productores “más eficientes”, como indica el Banco Mundial, incluida las que restituyan, y convertir en peones o en siervos a los campesinos. Juan Camilo Restrepo explicó que los pobres que vayan a Carimagua serán “socios” del “operador” que invierta entre 300 y 400 millones de dólares, y que ese es el modelo para el país. La alianza de la mula y el jinete.

Daniel Samper muestra el origen de la controversia al decir que muchos de los que descalificaron a Santos por “su oportunismo o desdén por la verdad ahora lo apoyan”, porque, supongo, la Presidencia lo cambió, aunque, agrega, “incurre en populismos que chirrían”. Pero Santos no ha abandonado su oportunismo ni su desdén por la verdad. Los emplea con mayor descaro. Se acomoda al repudio de tantos a Uribe, no para hacer cambios de fondo que saquen a la nación de la postración, sino para hacer retoques demagógicos y lograr los mismos objetivos de su expatrón. Su populismo llega a tanto, que fue capaz de traicionar a Uribe, no en lo de fondo sino en las formas, pero las formas también eran parte de unos acuerdos sin los cuales no llega a la Presidencia.

La verdadera diferencia entre Uribe y Santos reside en que el segundo es solapado. Porque como él mismo lo explicó resaltando sus coincidencias fundamentales con Uribe, no fuera que se le confundiera algún magnate: “Hay varias maneras de hacer un cocido”, en este caso el de las incontables políticas regresivas que hunden a Colombia en el desastre económico, social y político.

La escogencia de Angelino ilustra la importancia que Santos le concede a afinar su capacidad de engaño. El exsindicalista –y pastranista y uribista–, no escala por sus dotes de estadista. Su gracia –para los neoliberales– se reduce a que un día fue algo que ya no es, y no lo avergüenza decir que sigue siendo el mismo, falsedad que le amplifican los mandamases del statu quo. Y lo peor es que engañan porque rinde frutos: Uribe fracasó en su objetivo de dividir el movimiento sindical y Santos y Angelino lo lograron con rapidez, en parte porque ofrecen el manto de su falso progresismo. Aunque pueda molestar a quienes respeto, considero mi deber llamar a no dejarse llevar por cantos de sirenas calculados para hacer de Colombia un país con todavía más desigualdad social.