El “arribo” del neoliberalismo a Colombia desató una fiebre que tuvo eco en círculos políticos, académicos, gremiales y sociales. Quien desconociera o negara la conveniencia de las tesis del “bienvenidos al futuro” era calificado de dinosaurio o defensor de tesis antediluvianas. Pocas personas señalaron, aun a costa del inmerecido ostracismo, que el camino del “libre comercio” estaba plagado de inconvenientes intenciones para superar el consuetudinario atraso y que estas “teorías” eran un eco de los intereses del capital financiero. La crisis mexicana de 1994 desenmascaró a nivel mundial los verdaderos objetivos del neoliberalismo. En 1997 ya varios analistas, esta vez con mayor resonancia, señalaban los nefastos resultados de esta política y avizoraban la crisis que Colombia padecería, la de 1999. Entre estos analistas estaba Robledo.
En el texto Lo que oculta la privatización, Robledo desenmascara y pone en el lugar merecido al neoliberalismo: el ser un mero ropaje ideológico para saciar los apetitos del gran capital financiero, cada vez más desligado de la producción. En el libro se comentan además las repudiables andanzas de la cleptocracia colombiana y las muchas deficiencias con las que funciona el Estado colombiano. Pero la obra va más allá. Se adentra en la función de Estado en el desarrollo del capitalismo, desde sus orígenes hasta la actualidad, y sostiene que los países capitalistas imperios o neocolonias no pueden funcionar si todo, absolutamente todo, se deja a la llamada “magia del mercado” y a la competencia “completamente libre” entre los empresarios privados.
Se enfatiza también en que el verdadero debate con los neoliberales no radica en si el Estado interviene o no, sino al servicio de quien lo hace: si en beneficio del imperialismo y de los monopolios o en favor de las naciones atrasadas y de los capitalismos nacionales.

