En el senado

Robledo Somos Todos

No son las transnacionales, sino una política soberana, lo que nos va a salvar de la crisis petrolera.

Pienso que el senador Serrano acierta cuando señala el desastre de la política petrolera de este gobierno, de este y de los anteriores, agregaría yo, desastre que va a llevar al país de manera inexorable, un año más, un año menos, a convertirse en gran importador de petróleo. Así se logren hallazgos importantes en este próximo período, va a ser inevitable que Colombia se precipite en una crisis petrolera de proporciones supremamente graves, crisis sobre la que venimos advirtiendo desde hace mucho tiempo. Esta es la prueba reina del fracaso de la política petrolera, no solo de este sino de todos los gobiernos de los últimos años. La causa tiene que ver con el despropósito, de este y los anteriores gobiernos, de confiar en que a Colombia la van a salvar los extranjeros. Que en el capitalismo a uno le digan que lo van a salvar los demás solo se explica porque este es un país con enormes dificultades para mantener un debate con un cierto nivel de seriedad y entonces cualquier despropósito, por desproporcionado que sea, se presenta como una genialidad y se repite, y se repite y se repite, y se vuelve una especie de verdad aun cuando sea una gran mentira.

La pérdida de la autosuficiencia petrolera le va a generar al país un problema cambiario y un problema fiscal de proporciones mayúsculas, como también un problema de estancamiento del Producto Interno Bruto, que tenderá a agravarse porque va a coincidir en muy buena medida con las inmensas pérdidas que el Tratado de Libre Comercio nos va a acarrear. El TLC golpeará la producción interna y la balanza comercial, y se sabe que será así porque lo admiten los propios estudios del gobierno, así ustedes no lo reconozcan. Se sabe que las importaciones van a crecer al doble de las exportaciones. Son los datos de sus amigos, no de los míos. Y se sabe también que va a haber unas pérdidas fiscales del orden de 600 millones de dólares, calculadas por el propio Departamento Nacional de Planeación y no por el senador Robledo. Yo solo uso cifras oficiales para evitarme el lío de que se pongan en entredicho. Y si a ello le sumamos una crisis petrolera de la magnitud de la que estamos hablando, le vienen tiempos muy malos a la economía nacional.

¿Nos salvarán las trasnacionales?

El desbarajuste en el caso del petróleo obedece a mi juicio a que desde hace mucho rato, diría que desde comienzos del siglo pasado, se levantó en Colombia la falacia de que era el capital extranjero el que nos iba a redimir. Recuerdo que así lo dijo aquel falso estadista llamado Esteban Jaramillo, exaltado en su tiempo como un gran estadista porque hablaba inglés y porque los gringos lo aplaudían. Ese sí que es un discurso viejo. Y con esa falacia decidieron los gobiernos prácticamente regalarles a las trasnacionales el petróleo colombiano desde que apareció, y lo feriaron en medio de un mar de corrupción, porque debe anotarse que hay colombianos que han ganado y siguen ganando con la corrupción. Son de antología las historias del general Barco, fundador de una sucesión de supuestos estadistas colombianos que se lucraron con la política de regalarles el petróleo a las trasnacionales, pretextando que así nos íbamos a desarrollar. Y el argumento del que se han pegado es el del gran riesgo que corremos. Aducen que Colombia no puede acometer por sí misma la función de extraer el petróleo de su propio subsuelo porque corre un enorme riesgo y de eso nos hablan todo el tiempo. Pero resulta que si uno mira la historia de la economía mundial y descubre que varias petroleras figuran entre las principales empresas del mundo capitalista, llega por fuerza a la conclusión de que el riesgo no debe de ser tanto cuando se amasan fortunas de esas proporciones. Y si uno mira además algunos datos recientes, por ejemplo, los de la cuenta de capitales, según estudio hecho por la doctora Helena Villamizar, antigua alta funcionaria del Banco de la República, descubre que la nueva inversión petrolera entre 1994 y 2005 valió un poco más de 21 mil millones de dólares, pero que el reembolso de capital al exterior costó 17 mil 686 millones de dólares, una manera gruesa de mostrar que lo que entra por petróleo es más o menos lo mismo de lo que sale. Se puede entonces demostrar que el riesgo no es tan alto como se está señalando. Algo parecido señala un estudio del Banco de la República. En esa misma relación, habla de 17 mil millones de dólares contra 16.680, entre 1990 y 2002, o sea, estamos hablando de unos ingresos y unos egresos por petróleo que más o menos se equiparan en el caso de la inversión de las trasnacionales. Luego uno puede aseverar que el riesgo no puede ser tan alto como se nos repite. Llama la atención que si se hacen los promedios de la inversión, del orden de trescientos cincuenta millones de dólares al año, descontados los ingresos y los egresos, podemos también asegurar que no estamos hablando de unas sumas astronómicas. En otras palabras, la propia industria petrolera produce parte sustancial de la relación de la que estamos hablando.

Analicemos ahora cuál es la tasa de utilidad con la que suelen funcionar las trasnacionales, porque no olvidemos que las trasnacionales vienen a estos países a invertir, pero para sacar después sus excedentes. La norma es que hacen esfuerzos por reinvertir dentro del país solo una parte pequeña de sus utilidades. Por el crecimiento tan lento que tienen estos países, a ellas les resulta más beneficioso volverse a sus países sedes, países poderosos, para reinvertir allí sus utilidades. En la revista de la CEPAL, Nº 82, de abril de 2004, una institución a la que nadie podría acusar de oposicionista, nos encontramos un estudio del señor Andrew Mold, donde se afirma: “La rentabilidad de los negocios de las empresas extranjeras que invierten en regiones pobres (…) es extraordinariamente alta”. Solo vienen a estas regiones a salvarnos, como dice el presidente Uribe, siempre y cuando las rentabilidades sean supremamente altas. Agrega el estudio que normalmente “recuperan la inversión en apenas cuatro años”, y estamos hablando de rentabilidades que, en estilo coloquial, señalo como “utilidades de mafioso”, dadas las rentabilidades tan altas, en parte derivadas de un hecho sobre el cual, senador Serrano y congresistas, tenemos que poner cada vez más los ojos. La línea general de la inversión extranjera en estos países reside en eliminar los impuestos o en reducirlos al mínimo, lo que golpea durísimo a los pueblos, forzados a pagar tasas tributarias mucho más altas, y que termina también entrabando el desarrollo, porque reduce la inversión estatal en los sectores principales. El mismo estudio que estoy citando señala que la tasa efectiva de tributación de las empresas de Estados Unidos en Colombia pasó entre 1983 y 1999 del 59,7% al 32,3%, una baja del 27% en quince años. Dice el mismo analista, señor Mold, que si en estos países las trasnacionales tributaran lo que tributan en sus países de origen, lograríamos ingresos superiores del orden de 35 mil millones de dólares al año. ¡35 mil millones de dólares si simplemente les cobráramos a las trasnacionales las mismas tasas que ellas pagan en sus lugares de origen! Y con otro agravante. La evasión tributaria es bárbara, y le voy a hacer una pregunta específica sobre este punto, doctor Yanovich, porque dice el estudio que buena parte de la evasión tributaria suele hacerse manipulando los precios de transferencia, es decir, los costos y las utilidades, sobrevaluando los gastos y subvaluando los ingresos. Y que este truco contable, tramposo, que golpea a nuestros países porque también los hace víctimas de trampas con las regalías, es bien común por parte de las empresas petroleras. Dice el estudio: “Hay sectores como el petróleo que son famosos por su habilidad para mover fondos hacia adentro y hacia fuera de los países. El manejo de los precios de transferencia se ve facilitado por el gran volumen de transacciones transfronterizas que tiene lugar en los sectores de la minería y el petróleo”. Entonces mi pregunta, doctor Yanovich, porque sobre esto un día vamos a hacer aquí en la Comisión Quinta un debate especializado, es cómo vigila la nación colombiana estos precios de transferencia de las trasnacionales. He estado citando un estudio de la CEPAL publicado en abril de 2004 y es un míster el que lo hace, no un nativo de estas tierras, lo que le da una autoridad que espero no me vaya usted a discutir. Esta es la realidad y la pregunta se la dejo ahí. ¿Qué tan grande es el aparato que tiene el Estado colombiano para vigilar los precios de transferencia de la minería en Colombia? Porque nos proponemos mirar el carbón la semana entrante.

Lo anterior tiene un corolario y es que ya el presidente Álvaro Uribe Vélez les anunció a los colombianos que viene otra reforma tributaria, que consistirá, como todas las dictadas por el Fondo Monetario Internacional “que trabaja para el capital extranjero”, en reducirles el impuesto de renta a los monopolios y a las trasnacionales y aumentarles el IVA a los colombianos. Y ya anunciaron también que van a incrementar la retención en la fuente por salarios, cuando cualquiera que sea asalariado no pasa de ser un pobre en una estructura capitalista.

El peor contrato petrolero del mundo

¿Cómo es el contrato petrolero? Vamos a ver cómo trata el gobierno nacional a las petroleras en las sucesivas reformas que le ha venido haciendo desde hace mucho rato. Hemos tenido desde 1970 para acá como cinco contratos petroleros. En el gobierno de Andrés Pastrana se diseñó un nuevo modelo de contrato petrolero y en el Plan Energético Nacional 2003-2020 se dijo que ese contrato petrolero era suficientemente competitivo. ¿Qué significa suficientemente competitivo? Que las ganancias a las trasnacionales son tan altas que el contrato se hace muy atractivo para ellas. El contrato era ya muy competitivo aun antes del gobierno de Andrés Pastrana. Lo afirma Carlos Guillermo Álvarez, un especialista en el tema. Incluso Ecopetrol informó en 1999 que Colombia tenía el segundo contrato más competitivo de América Latina después del de Venezuela. Y resulta que, aun así, el gobierno de Pastrana modificó de nuevo el contrato aumentándoles en 24% la rentabilidad a las petroleras. El State Take “suma de todo lo que le toca a la nación” pasó del 82% al 66%, quito los decimales para no hacerme largo. Y esta administración del doctor Álvaro Uribe Vélez bajó todavía más el State Take, al 50%. En síntesis, entre el contrato tipo C y el contrato tipo D se le desmejoró el ingreso a la Nación colombiana en 32% en solo cuatro años, entre 1999 y 2003.

En un debate en Plenaria aseveré que Colombia tenía el peor contrato petrolero del mundo, porque el promedio mundial del State Take es de 60% y aquí estamos bastante por debajo. El ministro me dijo que no, que él se basaba en sabios de la industria petrolera que aducían que este era el mejor contrato petrolero del mundo. Y yo le comentaba a un amigo que lo grave es que los dos tenemos la razón. Porque el señor ministro está hablando desde el punto de vista de las trasnacionales petroleras y para ellas es el mejor contrato petrolero del mundo. Y yo estoy hablando desde el punto de vista de los intereses nacionales y para Colombia es el peor contrato petrolero del mundo. Todo depende del punto de vista desde donde se localice uno en el análisis.

Y sin embargo, llama la atención que, a pesar de tantas gabelas, las trasnacionales no invierten lo que el gobierno espera que inviertan, porque los hechos son tozudos. Y aquí aparece entonces una discusión muy interesante. ¿Cómo se comporta el capital extranjero en estos negocios? Porque aquí se manejan verdades a medias a las que los funcionarios vuelven verdades completas a punta de tanto repetirlas. Ese contrato petrolero del que estamos hablando, el de la concesión “y también les regalaron el gas de La Guajira y el petróleo de Cravo Norte a dos trasnacionales, el paraíso terrenal para ellas” está produciendo tasas internas de retorno de escándalo, por encima del 50%, cuando ya antes eran también muy buenas. Ganancia hoy por hoy de mafioso, y me van a excusar que siga utilizando un término coloquial, pero lo hago porque es útil para explicar el fondo del asunto. Aun así, vuelvo y repito, no invierten las trasnacionales lo que el gobierno espera. Entonces aquí aparece una discusión interesante. ¿Cómo es ese asunto de la inversión extranjera?

No estoy en contra de la inversión extranjera

Por estos días una señora que escribe en algún diario de Colombia, esposa de un alto burócrata del palacio presidencial, me regañó porque yo dije que le iba a poner un denuncio por traición a la patria al Presidente de la República por violación de los artículos 455 y 457 del Código Penal para el caso del TLC. Que ella se moleste porque yo vaya a denunciar al Presidente por traición a la patria no me extraña para nada, está en todo su derecho. Pero ella en la columna de marras me achaca ser enemigo de la inversión extranjera y ser como una especie de diablo que entonces debe ser lanzado a las tinieblas exteriores.

Aprovecho entonces para fijar otra vez mi posición al respecto. La he fijado mil veces pero vale la pena insistir en ello. No soy enemigo de la inversión extranjera. Todas mis discusiones las hago en el seno del capitalismo, y, en la lógica del capitalismo, entiendo la ganancia. No es eso lo que estamos discutiendo aquí. Lo que estamos discutiendo es si toda inversión extranjera es positiva por el simple hecho de ser inversión extranjera. O si toda inversión extranjera es negativa por el simple hecho de ser inversión extranjera, se podría también decir. Ahora bien: afirmo que toda inversión extranjera no es negativa por el simple hecho de ser extranjera. Y esperaría que los amigos del gobierno y el Fondo Monetario Internacional dijeran que no toda inversión extranjera es positiva por el simple hecho de ser extranjera, y que se prestaran a demostrar con argumentos que esas inversiones extranjeras son convenientes para el país, porque finalmente lo que estamos discutiendo aquí no es la ganancia de unos personajes o de otros, sino si es conveniente para el país.

Voy a exponer algunos casos en los que es evidente que la inversión extranjera no es conveniente para el país, a dar unos ejemplos pedreros, como suele decirse. Carlos Lemos Simmonds, que alcanzó a ser hasta presidente de la República después de haber recorrido todos los poderes del establecimiento, escribió: “Como se ha demostrado en infinidad de oportunidades, es el interesado en ganar la licitación el que se aproxima al funcionario y engrasa la mano con la mordida y con la comisión”. Está hablando de corrupción y agrega: “Esta ocurrencia (la de la corrupción, la de engrasar la mano) es particularmente frecuente en la corrupción trasnacional. Muchas de las grandes multinacionales reservan en sus presupuestos una cuantiosa partida destinada a gestionar influencias y a comprarlas muy bien”. Pregunto entonces: esa inversión extranjera que tiene la corrupción como mecanismo de ingreso al país ¿es también buena? Es corrupta, pero ¿por el solo hecho de ser extranjera se vuelve buena? ¿Nada importa? Es una preocupación que dejo aquí en el aire para que vayamos poniendo en su sitio el cuento de que toda inversión extranjera es buena. ¿La de la corrupción también?

George Soros, uno de los grandes financistas del mundo, ilustra más el tema: “El presidente de un país de Europa Oriental, a quien conozco, quedó sorprendido cuando en una reunión con el presidente -no voy a mencionar el nombre del presidente del país desarrollado, porque para qué- este (o sea el presidente del país desarrollado) se dedicó la mayor parte del tiempo que duró la entrevista a impulsar y a favorecer a un comprador de ese país en una venta de privatización”. El presidente de un país desarrollado se la pasó intentando convencer al presidente de un país subdesarrollado de que favoreciera a una trasnacional. ¿Esa también la defendemos porque es extranjera?

Además, un exceso de capital extranjero en Colombia, lo sabe cualquiera, puede provocar la enfermedad holandesa, con grandes niveles de revaluación de la moneda que le causen grandes pérdidas a la capacidad exportadora y productiva del país. Es del abecé de la literatura económica. Miren ustedes cómo es la economía de enredada. Se supone que la felicidad está en que nos invadan de dólares del exterior, y, sin embargo, una plétora de dólares podría generarnos una enfermedad holandesa con gravísimas pérdidas para los colombianos.

En el caso específico del petróleo, hemos estado denunciado aquí que es muy posible que Colombia pierda la suficiencia petrolera, y el gobierno contesta repitiendo la misma cantinela, que nos van a salvar las trasnacionales. Pregunto entonces: ¿y es que a las trasnacionales les importa un pepino que Colombia pierda la suficiencia petrolera? ¿En qué se dañan las trasnacionales del petróleo del mundo porque Colombia pierda la suficiencia petrolera, si ellas están en otros países y nos van a vender el petróleo traído de Arabia o de México, o de donde sea? Esa insuficiencia petrolera es un problema de los colombianos. A las trasnacionales les puede interesar este cuento en la medida en que les mejoren sus condiciones de inversión, pero pueden muy bien estar en otros sitios. Su manera de relacionarse con nuestra pérdida de suficiencia petrolera no es nada parecida a la de Colombia. Al perder nosotros la suficiencia petrolera vamos a tener una crisis bárbara, las trasnacionales no. Es más, cuando se habla de los distintos tipos de suficiencia petrolera, queda claro que cuando Ecopetrol pierde la suficiencia, a las trasnacionales no les pasa nada. Cuando la nación pierde, a las trasnacionales no les pasa nada, porque les estamos comprando a ellas, que operan en Colombia. Pero podríamos mañana comprarles a las que operan fuera. Si Colombia en vez de importar petróleo importa gasolina, que no es lo mismo, y si nos quedamos sin refinerías, ¿cuál es el problema para las trasnacionales? A ellas, probablemente, les salga mejor vendernos gasolina que petróleo, pero para nosotros sí sería mas grave importar gasolina que importar petróleo. Y así podríamos quedarnos el día entero dando ejemplos como este.

La plata de Ecopetrol alimenta el clientelismo

Y ojo con esto, cuando se estaba cambiando el contrato petrolero para favorecer a las trasnacionales e intentar atraerlas a Colombia mientras se ordeñaba a Ecopetrol “aquí el problema no es que no haya habido plata para sacar petróleo, sino que a Ecopetrol lo ordeñan y lo ordeñan y lo ordeñan con un propósito principal, sostener la estructura clientelista, que en buena medida explica los siete millones de votos del presidente, porque quítele, senador Manzur, usted sabe cómo funcionan las cosas, quítele el clientelismo a los votos del presidente a ver con cuántos queda; a mí no me van a venir a cañar con solo cifras, quítenle los carnés del Sisben, los viejitos no sé que, los guardabosques sí sé más, los niños no sé cuánto, veintiséis millones de colombianos recibiendo estipendios del gobierno nacional, según la cifra que nos dio el gobierno el año pasado, y esa es plata de Ecopetrol en muy buena medida, señor ministro, así la llamen gasto social, pero esa es otra discusión, por supuesto”, cuando se estaba cambiando el contrato petrolero, repito, Barrios y Cárdenas, del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional, especialistas en el tema, informaron: “En 1999 las compañías petroleras en todo el mundo reaccionaron drásticamente a los precios bajos observados durante 1998, y recortaron en un 22% las inversiones en exploración y producción en 1999″. Una reacción elemental en el capitalismo. Si los precios del petróleo son malos, no hay que invertir allí. Y la cuestión no se resuelve solo cambiando el contrato. Hay un problema estructural. Si el precio del petróleo es muy malo, pues el negocio no es bueno. Qué hicieron entonces las petroleras. “Simultáneamente comenzó un proceso sin precedentes de fusiones y adquisiciones entre compañías petroleras para reducir costos e incrementar su rentabilidad”. O sea, se pasaron al negocio de la especulación y las privatizaciones, a sobornar por el mundo entero para hacer privatizaciones a bajo precio para que su ganancia tuviera que ver con las empresas petroleras del Estado. “Como resultado; sólo un contrato de asociación fue firmado en Colombia durante 1999″. Yo no voy a decir que esta sea la única razón, pero sí llamo la atención sobre el punto. ¿Porque ahora qué tenemos? Altos precios del petróleo. Cambiaron por completo las circunstancias.

Altos precios del crudo

Frente a los actuales precios del petróleo, estaríamos, según los economistas, y yo no lo soy, en un contrato de vendedores. O sea, el control lo tienen los países que tienen el petróleo, porque por lo demás el capital está hoy sobrando en el mundo, no saben que hacer con la plata, lo que explica en buena medida la baja de las tasas globales de interés.

La lógica del gobierno nacional es atender la situación como si lo que escaseara no fuera el capital sino el petróleo, y entonces, dispararon las utilidades de las petroleras, porque parece que estuviéramos encartados con el petróleo. Curiosa manera de hacer negocios, y vuelvo y hago una pregunta que he venido repitiendo: buena parte de quienes están en la dirección del Estado están allí porque son buenos negociantes en la empresa privada. ¿Por qué se les olvida hacer negocios cuando llegan al sector público? El actual mercado mundial del petróleo es controlado por quienes tienen el petróleo, o debiera serlo en la racionalidad de la economía, y no por quienes tienen el capital. Y nosotros estamos sometidos al peor contrato petrolero del mundo, un contrato diseñado para un mundo en el que sobrara petróleo, y no sobra, hace falta. Y está además clarísimo, por todos los análisis, que por supuesto tienen incertidumbre, que los altos precios se sostendrán durante un largo plazo y podrían subir todavía más. Y nosotros estamos atados, repito, al peor contrato petrolero del mundo, en función de quien tenga petróleo. Porque aquí lo que sobran son dólares, plata, y sobra, entre otras cosas, porque Estados Unidos tiene la máquina de hacer los billetes.

Y entonces miren lo que han venido haciendo las compañías petroleras en Colombia con la alcahuetería del gobierno. Me gusta citar a personas autorizadas para que no digan que yo me invento las denuncias. Jaime Navas (Portafolio, 16 de septiembre de 2005): con los altos precios, las compañías operadoras “encauzan su esfuerzo hacia incrementar la producción de campos y así disfrutar en forma inmediata el impacto que los altos precios del petróleo tienen en sus márgenes de utilidad”.En otras palabras, la racionalidad más elemental. Si el petróleo está caro, saquemos todo el petróleo de los campos que ya detentamos y no nos arriesguemos buscando nuevos campos. Sigue diciendo Navas: “La inversión de muchas de las compañías ha estado más orientada a todo aquello que mejore la rentabilidad inmediata y no al crecimiento futuro mediante la inversión en exploración. (…) La actividad exploratoria se ha centrado en proyectos de bajo riesgo y alta rentabilidad que ofrecen áreas como la cuenca de los Llanos Centrales”, La Guajira y Cravo Norte. Ahora, entiendo que ellos funcionen con esta racionalidad, que la Chevron-Texaco y la Oxy, en vez de meterse a explorar en Colombia, quieran ganarse la lotería, o, por mejor decir, se ganaron la lotería del gas de La Guajira y del petróleo en Cravo Norte, lo entiendo, esa es la racionalidad de ellos. ¿Y la nuestra? La nuestra es coger a unos tipos que están encartados con la plata, que no saben que hacer con ella, y en el capitalismo el problema de colocar la plata es clave, y a esos tipos que están encartados con la plata, en vez de presionarlos a que busquen el petróleo que nosotros tenemos, les damos el gangazo entregándoles unos campos en los que se sabe dónde está el petróleo y dónde está el gas. Corren ustedes con la suerte, señores ministros, de que estos debates no los siga ni los entienda la mayoría de la gente, pues de no ser así, no habrían sacado siete millones de votos.

Todo, con tal de exportar

Se sigue suponiendo que al país hay que arrodillarlo ante el capital extranjero, porque es el que nos va a salvar. Voy a hacer una comparación, y me disculpan la palabra. Sería una estupidez pensar, senador Manzur, que a usted le va a resolver los problemas de su finca el señor de la finca del frente. Jamás va a suceder, estamos en el capitalismo. Pero aquí se hace lo que sea, porque lo que hay es que exportar. Y el petróleo hay que sacarlo como sea, porque hay que exportarlo. Aquí nos surge otra pregunta: ¿y para qué lo exportamos? Para qué exporta un país. Para qué diablos exporta Colombia. Aprovecho, de paso, para hacer una advertencia: las cifras están falseadas. Normalmente las cifras petroleras nunca hacen la cuenta del costo de la extracción del petróleo y hay una manipulación en la balanza cambiaria, porque mis cifras dan que cerca del 29% de las exportaciones petroleras se van pagando los equipos. Eso es lo que queremos ver en términos de intercambio, a ver en cuánto nos están inflando los equipos, doctor Yanovich y señor ministro.

¿Para qué diablos exporta Colombia? ¿Por qué hay que reventar el país con tal de exportar? ¿Por qué es tan bueno exportar? Porque es que aquí las verdades se tornan absolutas y nadie vuelve a pensar en ellas. La explicación es muy simple: se exporta para conseguir dólares, y necesitamos los dólares, y las divisas en general, para pagar las importaciones, porque pesos no reciben en ninguna parte del mundo más allá de Barranquilla. Con esos dólares que nos cuestan sangre, sudor y lágrimas, Colombia no exporta café, Colombia lo que exporta es el hambre de nuestros campesinos y nuestros jornaleros. Y si comen mucho, no puede exportar. Y para que las trasnacionales vengan a sacar petróleo hay que regalárselo. Casi estamos llegando al absurdo de que no importa si el negocio es bueno mientras dé dólares. Ya casi no importa si hay o no rentabilidad. El State Take lo podrían poner en cero mientras diera dólares para poder sostener el negocio de la importación y exportación. Cuando a mí me dicen que importamos para traer tractores, computadores, maquinaria, equipos, yo respondo, bienvenidas las importaciones, porque son un factor del desarrollo nacional. Pero cuando me dicen que también importamos langostas vivas del Canadá para que algún excéntrico las compre aquí a 70 u 80 dólares en un restaurante “ni siquiera sirven las de Buenaventura”, entonces yo pregunto: ¿esos dólares sí nos son útiles? O cuando los dólares se utilizan para importar el trigo, la cebada, el maíz y el arroz que destruyen el aparato productivo nacional, ¿también son buenos? ¿No sería mejor exportar menos e importar menos, no sería más sensato, no generaría más posibilidades de desarrollo? Es que aquí no estamos ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni en Alemania, sino en Colombia. Qué tiene de bueno acumular dólares para quebrar el arroz, qué tiene de bueno exportar harto petróleo y harto carbón para poder inundar el país, con el TLC, de bienes industriales y agropecuarios. ¿Sí es sensato eso? Lo pongo en duda. Digo yo, para el país en su conjunto, el de la gente con cédula de ciudadanía colombiana, no para tres o cuatro gatos gordos y lustrosos. Estoy hablando de la gente, de los colombianos, del común, de los pobres de Córdoba. Qué tiene de bueno atesorar dólares para poder pagar las importaciones que le van a causar una crisis profunda no solo al arroz, sino también a la ganadería, senador Manzur, porque vienen pérdidas inmensas en ganadería de leche y de carne. Ahí está la revista de Fedegan que así lo señala, aun cuando el señor director de Fedegan haya hecho en su editorial una redacción de antología para intentar ocultar el hecho grueso de que los gringos nos van a meter en grande leche y carne. Los invito a que miren la revista.

Pagar la gasolina más cara del continente

Sobre los precios de la gasolina, declaró el señor ministro de Minas en El Tiempo, el pasado 13 de mayo: “Si el precio de la gasolina que debemos pagar en nuestro país es más alto que el del resto de los países del continente será una buena decisión energética”. ¡Pagar la gasolina más cara del continente, una buena decisión! Él después intentó decir que no lo había dicho, pero afortunadamente tengo las grabaciones. Incluso en la propia rectificación tuvo que admitir que sí lo había dicho. Equivaldría a tener gasolina a once mil pesos, lo que vale en Brasil. Y cuando uno replica preguntando que cómo así, entonces le contestan que es muy bueno un precio muy alto, porque los que gastan gasolina son los ricos. Eso es mentira. El senador Serrano nos informaba que, de acuerdo con la UPME, el 69% de los combustibles en Colombia los consume el transporte público. Tengo datos del Ministerio de Minas del año pasado según los cuales es el 75%, pero bueno, dejémoslo en el 70. En distintas palabras, la gasolina en Colombia la consumen los pobres, así no se den cuenta, ese es otro problema. Quién ha dicho que para consumir gasolina hay que tener carro propio. No, el que monta en bus, el que paga una panela transportada en un camión, paga gasolina. Este es un precio contra los pobres de Colombia. Y lleva un agravante, porque también se nos arguye: que como la gasolina está cara en el mundo, también tiene que estarlo en Colombia. No. Primero, porque nosotros tenemos precios nacionales de petróleo y segundo, porque el 38% del precio de la gasolina en Colombia son impuestos, aranceles de una falsa importación porque no se importa, más IVA y sobretasa y global, impuestos todos contra los más pobres de Colombia, contra los de Ciudad Bolívar, contra los de la Depresión Momposina, contra los del Distrito de Aguablanca. Es contra ellos contra quienes se vuelcan los impuestos. Ahora, para el gobierno la vida es una fiesta, pues el impuesto se lo cobran al pobre y a ese mismo pobre le tiran en la campaña electoral algún regalo clientelista para que vote por el mismo que le está clavando el impuesto. A esto yo lo llamaría el crimen perfecto. Se grava a todos los pobres del país para después comprarse con carnés del Sisben y esas cosas los votos de unos cuantos pobres que no saben cómo funciona el asunto y que en parte los pagan con su propio sufrimiento. Esa es la triste realidad.

Quedan todavía los dos o tres millones de carros particulares que, según el señor ministro, son de los ricos. Y de nuevo pregunto: ¿será verdad qué en Colombia hay dos o tres millones de ricos? De ser cierto, todo el que tenga carro propio sería rico. ¿Hay en Colombia tres millones de juliosmarios santodomingos? Y empleo este apellido para no usar otros que molesten más. No nos van a meter aquí el cuento de que a cualquier ciudadano que se consigue un pichirilo después de trabajar treinta años lo volvimos un oligarca digno de ser clavado hasta el alma por estar despilfarrando los recursos nacionales. No es verdad que el que tenga un carro en Colombia sea un oligarca. Es mentira y se utiliza para ocultar quiénes son los verdaderos ricos de Colombia y cómo no pagan los impuestos que debieran pagar. Y les van a volver a bajar los impuestos, principalmente a las trasnacionales y a los monopolios. Y van a eliminar el impuesto de remesas que hoy pagan las petroleras cuando sacan sus utilidades de Colombia. Y van a destruir el país, así se ufanen de haber sacado siete millones de votos, señores del uribismo. Este país no se arregla porque ustedes hayan sacado siete millones de votos. Cuántos pobres menos, pregunto yo, hubo ayer por cuenta de los siete millones de votos, cuántos almorzaron ayer por cuenta de los siete millones de votos. Uno no puede confundir la capacidad de manipulación de una política con la realidad de la gente.

Se aprueban impuestos por resolución ejecutiva

Voy a hacer una afirmación muy grave, relacionada con la propia concepción del Estado. ¿Es posible que los impuestos en Colombia los determine el señor ministro de Minas, así sea tan buena persona como lo dice usted, senador Serrano? ¿Eso a él le concede el derecho de decidir impuestos, de subir, por ejemplo, el subsidio al alcohol carburante, otro debate que nos quedó pendiente? Acaban de dispararle el subsidio al alcohol carburante y en Colombia nadie supo. Lo decidió el señor ministro, él solo, con los cinco monopolios de la caña de azúcar en el Valle del Cauca. Y pregunto, ¿eso es democracia? ¿No se supone que no debe haber impuestos sin representación, como lo ordena el abecé de la democracia burguesa? ¿No se supone que eso es elemental? Pero aquí les suben y les bajan los impuestos a los pobres de Colombia con una simple resolución del ministro, disfrazada tras un embeleco, y es que le vamos a poner precio “de paridad”. ¡Cuentos para despistar incautos! Es otra afirmación falsa, porque no es cierto que importemos nada. Usted puede decretar impuestos, señor ministro, y lo está haciendo, pero eso no es democrático, porque en cualquier democracia del mundo, por retardataria que sea, y esta es de las más retardatarias, se exige que tal decisión pase por el Congreso.

El pliego de la USO

Acaban los trabajadores de Ecopetrol de presentar un pliego de peticiones y espero que no haga, doctor Yanovich, gala de sus virtudes para tratar ese reclamo de los trabajadores, como lo ha hecho en estos cuatro años. Y que ese pliego se tramite con una actitud democrática, más cuando todo el ataque a los trabajadores no tiene sino un propósito, que es el de mejorarles la rentabilidad a las trasnacionales y preparar las condiciones para la privatización de la estatal.

Quiero expresar mi absoluto desacuerdo con el trato que usted, doctor Yanovich, le viene dando al fallo del Tribunal de la pasada huelga. Está echando trabajadores que fueron absueltos. Ahora, usted esgrimirá como siempre toda una argumentación jurídica, porque hay abogados para todo, pero el hecho de fondo es que usted sigue persiguiendo a los trabajadores. Ojalá toda la energía que usted despliega en el maltrato a los trabajadores la aplicara en la defensa del interés nacional frente al capital extranjero. Seguramente sería más beneficioso para Colombia.

Se viene la privatización de la Refinería de Cartagena, otro disparate. Hay déficit de refinación en el mundo, y los colombianos tenemos plata con que construir la Refinería y no podemos hacerlo porque a los gringos no se les da la gana. Ese es todo el problema, no dejan. Y este, que es un Estado vasallo, acepta con toda mansedumbre un negocio pésimo como el que se nos quiere imponer. Tenemos el petróleo, tenemos el sitio, el lote, la plata, todo, se sabe que el negocio es bueno, se sabe cómo se hace, pero hay que dárselo a los gringos.

Y ojalá se trate bien a los colonos de El Centro, en Barrancabermeja. Que se extraiga todo el petróleo que se pueda extraer en esa zona del Magdalena Medio, pero sin desconocerles los derechos e intereses a los colonos. Son pobres y son colombianos y eso ya los hace débiles y por supuesto blanco de ataque, pero podría hacerse una excepción. Ahí hay unos compatriotas que llevan más de medio siglo instalados y Ecopetrol y las trasnacionales que vayan a operar ahí están en el deber, digo yo moral, puede que no legal, de atender a esos compatriotas, de forma tal que puedan coexistir sus intereses y lo que yo llamaría sus derechos históricamente adquiridos con el negocio que vayan a hacer ahí las petroleras.

Concluyo diciendo que es probable que hayan sacado siete millones de votos y tal vez el ministro Mejía sea elevado a la categoría de canciller, y el doctor Yanovich escogido como ministro de Minas, pero eso no cambia el hecho cierto de todo lo que hemos estado denunciando. El que algo parezca cierto y mucha gente diga que es cierto no lo hace cierto. La humanidad se la pasó miles de años creyendo que la Tierra era plana, es más, quemaron a muchos que afirmaron que no lo era, y sin embargo, la verdad verdadera es que nunca fue plana. Entonces aquí vamos a seguir, por supuesto, en estos debates.

Segunda intervención.

Para insistir en una cifra que no se puede olvidar. El 60, el 70% de la gasolina en Colombia la consume el transporte público, luego, grava principalmente a los pobres de Colombia. Que graven a todos los pobres para darles a unos cuantos pobres no quita la naturaleza retardataria del asunto, sobre todo cuando al mismo tiempo se les bajan los impuestos a los monopolios y a las trasnacionales. Esas son cifras que no se pueden ocultar en este debate

Tercera intervención

Nuevamente mi reclamo contra la demora en las respuestas. Ojalá fueran entregadas con más tiempo para poder analizarlas.

Deseo resaltar que parece ser que nos pudiéramos poner aquí de acuerdo en que el lío de la suficiencia petrolera va a ser de una gravedad bárbara. Eso es bueno que lo resalte, señor ministro, porque este es el problema grave del país, el problema crucial de resolver. Parece que va ser de extrema gravedad, probablemente la fecha sea esa. Sí me parece que sea inevitable, lo que a mi juicio ratifica el fracaso de la política petrolera. Porque es cierto, señor ministro, que uno puede perforar y no encontrar, pero son muchos los indicios que muestran que en este país hay petróleo.

Ustedes tienen el derecho a hacer el debate basados en la tesis que quieran, y entiendo que lo hacen basados en la idea de un pensamiento único, el único que vale la pena discutir. Aquí le anoté que Ecopetrol podría endeudarse para adelantar proyectos de urgencia, pero que no se endeuda porque no lo deja el pensamiento único. Hay algunos que sostenemos que no debe haber pensamientos únicos, dogmas sagrados, mucho menos cuando ellos son escritos por los competidores, porque por lo menos son competidores, para llamarlos con un término suave. Acépteme eso, ministro.

Lo otro que mencionan ustedes con mucha rapidez y que no hay que perder de vista en el debate es que a esta administración se le apareció la Virgen con esos precios del petróleo, y con los del carbón. No quiero ni imaginarme lo que estaría pasando de no haber sido así. Tuvieron un golpe de suerte, en café les fue bien y en carbón también. Sería interesante, y yo lo puse como un tema de discusión, examinar hasta dónde hay un aumento en los contratos porque se dispararon los precios o por la otra racionalidad que ustedes exponen. Pienso que el problema fundamental son los precios.

Intentan poner en duda la importancia de estos debates, y pienso que eso les queda bien feo. Aquí ya el Contralor dio un dato que muestra lo contrario. Fueron estos debates los que hicieron intervenir al Consejo de Estado, para que definiera cómo tenían que ser las prórrogas de los contratos de asociación. Pero además, es de la esencia de la democracia que no haya pensamientos únicos, ministro y doctor Yanovich. Esta es la discusión en la que estamos y vamos a ver en juego largo qué es lo que se termina imponiendo.

Y por último, doctor Yanovich, el punto de Ecopetrol es más un reclamo sobre la conveniencia y sobre su actitud frente a los trabajadores que sobre la legalidad del asunto. Usted puede estar actuando dentro de la ley, pero eso no hace conveniente lo que está haciendo. A mí me parece supremamente grave que a los débiles se les maltrate, que todo el tiempo se esté esgrimiendo la ley en su contra, en forma sistemática. Todo lo que usted ha hecho en Ecopetrol se había podido hacer antes, pero nadie lo hizo, solo lo ha hecho usted. Usted se dio el gustazo de pasar a la historia por haber arremetido en materia gravísima contra los trabajadores y el sindicato. Y usted se sentirá orgulloso de eso, pero ya le dije que preferiría que esos arrestos los usara contra los verdaderos enemigos del país y no contra los trabajadores, la parte débil de la ecuación.

Y en el caso de El Centro, lo que hice fue simplemente señalarle que vamos a estar pendientes del trato que se les dé para que en este caso tampoco se atropelle a la parte débil de la ecuación. Es probable que logre usted atropellarlos, pero aquí va a encontrar que este senador va a estar pendiente, aun cuando sea para que los colombianos lo sepan.

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