Aurelio Suárez Montoya, Bogotá, 21 de junio de 2011
Si la española Telefónica comprara la ETB en la subasta que propone el proyecto de Santos, presentado al Concejo de Bogotá para la “enajenación de las acciones del Distrito” (que son casi el 87% del total), controlaría el 54% de los teléfonos fijos de Colombia, el 79% de la larga distancia nacional, el 41% de los abonados a Internet, el 57% de la larga distancia internacional saliente y tomaría el 25% de TIGO, lo que, sumado a su MoviStar, la fortalecería enormemente en el mercado de telefonía móvil.
Por su parte, si Comcel fuera el rematador guardaría en su bolsa más del 30% de la telefonía básica, el 42% de los suscriptores de Internet y al 67% que ya tiene en los celulares, añadiría la porción correspondiente a TIGO. En uno y otro caso se configuran posiciones dominantes.
La historia muestra que las empresas estatales se venden a precio de “gallina flaca” y luego suben de valor. En Argentina se ferió, a favor de Telefónica y otros, el 60% de Entel por 1.200 millones de dólares, menos de la mitad del valor de los activos en libros; un año después se vendió por tres veces más en la bolsa por concesionarios que transaron sus derechos. En México, Telmex se vendió al “hombre más rico del mundo” por 6,2 mil millones de dólares, y al año y medio costaba 30 mil millones. (Sarmiento, 1997).
En ambos casos a las privatizaciones les siguieron alzas en las tarifas, despidos masivos de trabajadores y poderes exclusivos sobre los servicios, sobre todo en México, donde Slim prefiere pagar multas por sus excesos de monopolio que rebajar costos a los usuarios. En Colombia, además de todo, por el pedazo enorme de la torta que captará quien se haga a ETB, entrarían en grave riesgo UNE (EPM Telecomunicaciones) y Emcali, que quedarían en posición marginal de mercado, a tiro de fusil. El ganador se impondría nacionalmente en el pulso por el predominio en el sector.
El camino trazado por Santos, recurriendo a la figura ilegal de una alcaldesa ad hoc, es similar al de los ejemplos citados. Para no ir muy lejos, el método que propone para valorar a ETB en la exposición de motivos de dicho acuerdo parece hecho a la medida del comprador, ya que no parte del avalúo de los activos, ni mucho menos los proyecta en valores constantes al mediano plazo, sino que la variable principal propuesta es el costo de oportunidad del inversionista; esto es, lo que aquel estaría dispuesto a dar por las acciones oficiales de ETB para tener la mejor tasa de retorno de lo invertido. Como diría el bobo: “¡Así cualquiera!”.
La suerte de ETB es la de todos los colombianos
Las trasnacionales están violando la ley al reempacar leche en polvo y al vender lactosueros como leche
El gobierno se lo permite, pese a protestas de Analac. Un “engaño calculado” al consumidor, dice la Superintendencia de Industria y Comercio. Las damnificadas, las clases más pobres.
Pese a estar absolutamente prohibido por la ley reempacar la leche en polvo, pues puede abrir el paso al contrabando y a todo tipo de abusos fraudulentos, las trasnacionales francesas Carrefour, Éxito y Carulla han convertido en norma distribuir leche reempacada, sin que hasta ahora haya sido posible que el gobierno las frene, denunció el senador Jorge Enrique Robledo, del Polo Democrático, durante el debate a los ministros de Agricultura y Protección y a la directora del Invima, que tuvo lugar hoy en la Comisión Quinta.
¿Qué se esconde detrás?, preguntó. ¿Por qué resulta tan rentable reempacar la leche en polvo y no comprársela directamente al pulverizador? La explicación podría ser que existe en el país todo un comercio ilegal de leches vencidas o degradadas o traídas de contrabando.
Además, el congresista incriminó a las tres trasnacionales, como también a Danone, Alquería, La Pradera y otras diecisiete empresas por seguir expendiendo lactosueros como si fueran leche, un engaño calculado ya puesto en evidencia por Analac y por la Superintendencia de Industria y Comercio. “Es una treta de mala leche”, agregó, citando un editorial del diario El Tiempo.
Según la Superintendencia, los lactosueros no son leche y tienen valores nutricionales muy inferiores, pero los precios al consumidor tienden a equipararse. Además, los empaques son similares, se emplean marcas alusivas y se encasillan en las mismas estanterías, por lo que el mercadeo tiene por objeto confundir y engañar, en perjuicio de las clases más pobres. Con estos productos, muy bajos en calcio y proteína, se maltrata a las madres lactantes y embarazadas y se profundiza la desnutrición infantil.
Lo que se viene con los TLC van a ser casos de mala leche pero centuplicados, concluyó el senador del Polo, porque Estados Unidos y Europa nos van a inundar literalmente de lactosueros.