¿Quién es Jorge Enrique Robledo?
El 7 de marzo de 2007, Daniel Samper se preguntó: “¿De dónde salió ese tal Robledo?” En la brevedad de su columna, esbozó a un hombre que con profundos y serios debates en el Senado ha refutado con carácter las afirmaciones de los ministros del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. La semana que se publicó la columna y en un solo día, en palabras de Samper Pizano, Robledo “saco a bailar” con inteligencia y decisión a los ministros de Agricultura, de la Protección Social y del Interior, por lo que lo llamó “gallo de espuela afilada”.
Robledo nació en el seno de una familia con algunas de las carencias materiales resueltas, eso que se ha venido a llamar la clase media. Hijo de Cecilia Castillo y José Robledo, llegó al mundo en Ibagué el 10 de febrero de 1950. De una niñez y adolescencia normales, pero eso sí, prolija en las picarescas propias de la mocedad, decidió seguir la carrera en Bogotá, en la Universidad de los Andes, donde se matriculó en arquitectura, una de las pasiones de su vida. Con 21 años y un mundo y una América Latina convulsionadas por la Guerra Fría y la Revolución Cubana, conoció las ideas de Francisco Mosquera y del MOIR. Desde esos tiempos Robledo incluyó en su ideario el repudio a la lucha armada como un método para resolver las contradicciones económicas y políticas.
Robledo, una de las principales figuras de la política nacional, combina tres mundos inseparables: el académico, el político y el de hombre de familia, con una gran capacidad de estudio, de análisis, de conversación, todo matizado con un ingenioso sentido del humor.
Fue 26 años profesor en Manizales y ha escrito trece libros que resumen rigurosos estudios sobre economía, reconstrucción de la dinámica histórica y acerado e incisivo análisis político. Escribió sobre la crítica situación de la vivienda, desenmascarando los planes demagógicos de Belisario Betancur El drama de la vivienda en Colombia, 1985); Manizales, la ciudad de la colonización antioqueña (1996), un documentado estudio de la arquitectura cafetera, obtuvo el premio en teoría e historia crítica en la XVII Bienal Colombiana de Arquitectura. En Lo que oculta la privatización (1997), denuncia la regresiva política de la apertura en los años 90. El café en Colombia, una análisis independiente (1998), muestra cómo centenares de miles de familias cafeteras están sometidas a las maniobras de los grandes monopolios extranjeros que tasan y destasan “en rútilas monedas” los sacos de café. En www.neoliberalismo.com (2000), “un lúcido memorial de agravios de quienes critican la apertura y la globalización actuales”, dice que los gobiernos se dedicaron a la sorprendente tarea de crear empleo en el exterior al costo de dejar sin trabajo a los obreros y campesinos del país, creando una economía importadora, estéril, especulativa y oportunista. En Contra la Corriente (tres tomos, de épocas diferentes) están recopilados centenares de artículos sobre el acontecer contemporáneo.
Robledo, el profesor de arquitectura en la Universidad Nacional, mereció varios reconocimientos, no obstante su cuestionamiento de las “verdades” oficiales. Recibió la Medalla al mérito Gerardo Molina, galardón que no más de veinte personas ostentan. La universidad también le otorgó las distinciones Medalla al Mérito y Maestro Universitario.
Sus dos obras más recientes, El TLC recoloniza a Colombia, acusación a Álvaro Uribe Vélez (2006) y El TLC, la verdadera hecatombe (2009), juiciosos análisis sobre los impactos de tan leonino acuerdo con Estados Unidos, sintetizan el sentimiento de millones de compatriotas que entienden que este tratado acrecentará los males que padece Colombia.
La vida política de Robledo, además de vigorosa, es fértil y anecdótica. Después de ser concejal en Soacha, llegó a Manizales. Recorrió y conoció las escarpadas tierras de su querida Caldas. Allí, a la par con la labor docente, se dedicó a buscarles salida a los problemas de los habitantes de la región. En 1985 fue uno de los fundadores de la Unión Cafetera Colombiana, que se convertiría en la Unidad Cafetera, donde compartió dirección con Fabio Trujillo Agudelo. La Unidad Cafetera condujo en 1995 una de las más dignas luchas en la historia rural colombiana. La Iglesia, encabezada por Monseñor José Luis Serna, obispo del Líbano, Tolima, y diversos sectores sociales y políticos apoyaron a los cafeteros en la brega por revertir la calamitosa situación que les cayó una vez cesó el Pacto Internacional del Café. A raíz del paro de 1995, cien mil cafeteros vieron condonadas asfixiantes deudas y lograron mantener sus parcelas. Luego, con el empresario tolimense del arroz Ángel María Caballero y campesinos y empresarios de otros cultivos, creó la Asociación Nacional por la Salvación Agropecuaria, que en 2001, con un gran paro nacional agropecuario, logró arrancarle al gobierno varios planes de alivio al sector rural.
En 2002 llegó al Senado con más de cuarenta mil sufragios, duplicados cuatro años después a 80 mil, la sexta mayor votación del país. Desde el arribo al Senado, Colombia empezó a conocer la titánica labor de un hombre que, según opiniones de importantes personajes, se ha convertido en uno de los mejores parlamentarios en la historia del Congreso. Son cerca de cien los debates impulsados por él entre julio de 2002 y diciembre de 2009. Dan fe de su firmeza los más recientes y sonoros: el del hermano del ministro del Interior, el que denunció los negocios de los hijos del Presidente, el que libró contra las bases militares norteamericanas en Colombia y el de Agro Ingreso Seguro.
En el Senado, Robledo ha representado a cabalidad a cafeteros, maiceros, arroceros, trigueros, lecheros, ganaderos, azucareros, productores de pollos y cerdos, pequeños y medianos empresarios industriales, comerciantes de todo tipo, trabajadores del carbón y del petróleo, corteros de caña, distribuidores minoristas de combustibles, pequeños y medianos mineros y todos los afectados por la gran minería, vendedores ambulantes, trabajadores y usuarios de la salud, indígenas, afrodescendientes, estudiantes y profesores, madres comunitarias, usuarios de los servicios públicos, en fin, a millones de colombianos que ven en él a un hombre que encarna el alma de la nación.
Las recientes infamias que, en cabeza del Procurador, quieren falazmente vincularlo con la lucha armada, no acallarán su voz. Y no lo harán porque en el Senado es él la voz de quienes no tienen voz y anhelan un país distinto al de esta Colombia empobrecida y atrasada que les han dado. La voz de Robledo continuará resonando, pues la suya es palabra de hombre honesto e inclaudicable, presto siempre a luchar por los derechos de las gentes de bien. Por eso miles de personas en Colombia, a la pregunta de quién es Jorge Enrique Robledo, responderán sin vacilación:
¡Robledo Soy Yo!
Bogotá, 7 de enero de 2010